martes, 3 de marzo de 2009

Pontevedra esta preciosa. Pasear por sus ruas refresca mi mente, el placer del sol sobre mi nuca y un buen rioja. Entreruas pienso, siento, recuerdo y añoro. El duende del vive la vida me vuelve a agarrar por el pescuezo y me lanza contra un carballo centenario, me doy cuenta que es la tercera vez que paso por delante de él y no lo había visto... ¡En que coño estaría pensando! A veces echo de menos fumar un cigarro en una banco viendo pasar la vida, a los ancianos y a los bebés. La ingenua risa de los infantes la agria cara de esos viejos machacados por la existencia. Me consuelo con mi rioja, espero que sea menos dañino que el tabaco.
Lo peor de todo, el olor a Ketchup de los Burguers y las mierdas de los perros, hay que ser cerdo...
Al fin todo pasa y la voluntad y el deseo de ser feliz derrota a todos los males, ¿porque nos empeñamos en lo contrario? en preocuparnos por chorradas que nos impiden disfrutar de la sonrisa de una niña, del sonido de viento, del calor de la piedra (y eso que dicen que quien sentó nela nunca falou ben dela).
Hoy paseando por estas callejas me crucé con una mocosa corriendo detrás de su abuelo, me acordé de Sofía, pensé en llamar a Juanito y de pronto sonó el móvil, era el monstruo para invitarme a un vino, no puedo, estoy lejos de ti. Pero escribo en esta entrada bebiendo el vino que no puedo tomar con él, pensando en lo que más quiere
Tengo hambre, voy a comer a disfrutar.
Acabo de ver a un ciego chocar contra un mercedes el muy hijoputa lo aparcó en mitad de su camino, a veces olvida de la calle es de unos pocos, siempre de los mismos pocos.
Hacía tiempo que no escribía hoy me apetecía reencontrarme conmigo mismo,
besos a todos los que me leen


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